Entraste a las Torres del Sisal ya poseído. La ley de las torres es una sola: siempre hacia arriba. Cada fantasma que te atrapa — o la posesión que se completa — te despierta un piso más alto. En cada piso hay un recuerdo de quién eras: una foto, un dibujo, una voz. Recógelos. Al final te espera la azotea — y ahí está el teléfono. Haz la llamada, y luego resiste la tentación de saltar hasta que llegue el rescate. Los recuerdos son lo único que te sostiene en el borde.
Adentro esperan los espantos del llano — La Sayona, La Llorona, El Silbón, los duendes, la Bola de Fuego. El agua bendita los disuelve; el amuleto purga la posesión; la linterna congela a las sombras.